Art/fònic: inserciones artísticas en circuitos mediáticos

Las salas de exposiciones parecen ser el hábitat natural del arte. Y si tienen las paredes blancas, mejor que mejor. El minimalismo estético del contenedor siempre aporta el contrapunto a la más que posible ausencia del minimalismo formal en el contenido. La naturalidad con la que se asimila la compatibilidad biológica entre arte contemporáneo y cubo blanco no deja de ser un proceso de naturalización más dentro de la disciplina artificial de las convenciones. El dispositivo artístico que conocemos se erige como hegemónico gracias a la perdurabilidad del longevo matrimonio entre las prácticas artísticas y los espacios de exhibición.  Sin embargo, dado lo convencional del matrimonio, siempre hay una de las partes que comete adulterio. Y es entonces cuando el arte decide coger las maletas e irse de casa. Por un rato.

 

El desafío del arte en clave de éxodo minoritario, la salida del cubo blanco por la puerta grande, no es algo nuevo. Pertenece al orden de la transgresión consuetudinaria y al de una desobediencia que se vuelve norma supletoria. El tradicional procedimiento de colocar injertos artísticos en el espacio público a veces se olvida de que incluso, en ese afuera, el dispositivo parece seguir existiendo. Dicho de otro modo, no por sacar las prácticas artísticas del museo, éste desaparece. Se disuelve, pero dicha disolución conlleva una ampliación de sus muros. Y a ello cabe añadir que en el espacio público los segmentos de público todavía existen. A veces, incluso, dichas estrategias pueden ser vistas como una insolencia por parte de aquellos a los que se pronosticaba como receptores (in)adecuados.

 

Más allá de lo público como diseminación espacial, hay otras fórmulas a la hora de sacar el arte fuera del reluciente cubo blanco. Su inserción en contextos delimitados pero no definidos por la condición expositiva constituyen otra posibilidad. El espacio de lo mediático es un territorio muy atractivo para la ocupación artística. Sin ánimo de encumbrarlos en lo paradigmático, se nos ocurren dos como ejemplos relevantes dentro de una multitud de tanteos que traspasan la aduana artística sabiendo conservar el pasaporte. Inserciones en periódicos, de Cildo Meireles, lo dice casi todo en su título.  En el año 1970, el artista compraba una zona dentro de la sección de anuncios clasificados del Jornal do Brasil, para dejarla en blanco. La estrategia implicaba “limpiar el área que se pretende ocupar”. La imposibilidad de sortear la censura propia del medio lo llevó a realizar una segunda inserción: un texto a-verbal, una dirección, referente al Amazonas. Con el fin de esquivar eficazmente los mecanismos de control del contexto, Meireles cambió estas inserciones por otras más conocidas, pasando del espacio mediático al espacio ideológico y del soporte periodístico a un soporte tan icónico como las botellas de Coca-cola. Pero esto ya es otra historia.

 

Dentro de las experiencias artísticas ligadas al contexto radiofónico podemos mencionar a la artista y compositora Michelle Nagai y su serie de partituras llamada Long Distance Sitting Piece, donde la radio es el canal de transmisión de la acción performativa. En las piezas de la misma, como por ejemplo en “Untitled Sit for Your Aetheric Body, se apela a la capacidad interactiva de la radio, siempre y cuando el oyente ejecute las órdenes y otras prescripciones de Michelle Nagai. Siguiendo con la radio, pero cambiando de emisora y de localización, tenemos el caso de Art/Fònic, un proyecto de Sant Andreu Contemporani comisariado por Fito Conesa y Pablo G. Polite.

 

 

La alocución comisarial presenta Art/Fònic  como “una exposición de arte que utiliza la radio como plataforma experimental de difusión”. De entre todos los trabajos presentados al más que apetecible Concurso de Artes Visuales Premio Miquel Casablancas, 15 de ellos fueron seleccionados para ser traducidos y declinados en el formato de cápsula sonora. El resultado es “una invasión de interferencias radiofónicas de dos minutos y medio de duración en la parrilla de programación de Scanner FM, del 5 de noviembre al 5 de diciembre de 2011.” Para los que no lo sepan, Scanner Fm es una emisora de radio centrada en música independiente, especialmente (re)conocida por la cobertura que da a los dos festivales todavía con vida que han colocado a Barcelona en el epicentro de la políglota fruición sonora en masa: Primavera Sound y Sonar. Si bien estos dos festivales han demostrado con creces el poder económico de las industrias culturales sobre nuestro territorio urbano, Scanner Fm no parece mantener el mismo índice de audiencia que tenía pocos años atrás. Razón que, sin embargo, no desmerece en absoluto la elección de esta emisora por parte de los impulsores de Art/Fònic a la hora de invadir las ondas telemáticas con el material sonoro de los 15 artistas que

cheyenne laramie county routing code

construyen este edificio discontinuo.

 

Fito Conesa y Pablo G. Polite también nos dicen que este proyecto “investiga sistemas de comunicación y difusión directos, y cuestiona los modelos expositivos tradicionales”. Contra la primera parte del enunciado no tenemos nada que objetar puesto que la excursión fuera del cubo blanco a través de la alianza entre radio y arte se resuelve eficazmente. El cuestionamiento de la práctica expositiva se contradice a sí mismo al hacer confluir las 15 piezas sonoras dentro del recinto de Sant Andreu Contemporani en una composición minimalista con tantos puntos de esucha como piezas la componen. Pero del corolario expositivo ya nos avisan en todas las plataformas online que han acompañado el proyecto desde un principio, desde Bandcamp a Soundcloud, pasando por Tumblr y Facebook. Porque “Art/Fònic es una plataforma expositiva con tres niveles de visibilidad: la emisión de las cápsulas en Scanner FM, la publicación de un CD en formato digipack y una instalación sonora de 15 puntos de escucha en Sant Andreu Contemporani, del 25 de noviembre al 7 de enero de 2012.”

 

 

Desde aquí y apelando a la denostada óptica del gusto, por qué no decirlo, la parte radiofónica gusta mucho. Tanto por los resultados generales, por los proyectos en sí y por la congruencia entre praxis y teoría. La recopilación en un formato en vías de extinción como el CD se nos hace innecesaria debido a la proliferación de plataformas a modo de arhivo sonoro que el proyecto ha sabido utilizar para su mayor difusión a través de las dinámicas de “escucha a la carta”. Aún así, volvemos a apelar a otra perspectiva, esta vez a la del fetichismo objetual y entonces el CD se nos presenta como una referente conclusión material.

 

Lo que ya no vemos imprescindible, desde el punto de vista de la coherencia hacia los propósitos comisariales de desvinculación con la tradición expositiva, es la exposición a modo de archivo que acoge Sant Andreu. Este apéndice espacial resulta innecesario en un proyecto artístico como Art/Fònic que conquista tácticamente otro espacio, el radiofónico . Pese a las continuas críticas que se lanzan habitualmente contra la hegemonía del formato expositivo, la estrategia decae y muchos proyectos que rechazaban y eludían las cuatro o más paredes del cubo blanco, acaban siendo asimilados y metabolizados por ellas.

 

  

 

No obstante, si la intención original de Art/Fònic también perseguía el formato expositivo, habría sido más interesante ver una instalación que no desembocase simplemente en 15 puntos de escucha, donde el texto explicativo de cada uno de los proyectos interrumpe la escucha directa que sí nos ofrecen las demás plataformas del proyecto. El espacio expositivo permite una diseminación material que, si bien está limitada por una arquitectura dividida por paredes, no se limita a éstas como soporte. Con ello no queremos decir que no sea necesaria la explicación de cada cápsula resultante, sino que la información textual no debería colocarse ineludiblemente a lado de las herramientas de escucha sino en otra parte.

 

Toda exposición comienza por una inauguración y, con motivo de Art/Fònic, se presentó también una sesión/concierto a cargo de sus comisarios, Pablo G. Polite y Fito Conesa. De antemano ya sabíamos que las 15 piezas expuestas y diseminadas radiofónicamente servirían como material sonoro para esta segunda interpretación. La inserción de la figura del dj dentro del contexto artístico nos lleva inevitablemente a Nicolas Bourriaud y su conocido ensayo Posproducción, donde las estrategias del deejaying se comparan a las del arte contemporáneo debido a que ambas hacen un uso análogo de las formas a la hora de apropiarse de ellas y vincularlas entre sí. El ready-made ha hecho correr ríos de especulación y la lectura de Bourriaud se corresponde con el ascenso cultural de la cultura del dj, desde el extrarradio de los clubs hasta el museo. Como todas las teorías de Bourriaud, Posproducción es un ensayo atractivo pero que, como la cultura del deejaying de años atrás, se quedó obsoleto. Así como el montaje es un proceso más de creación, el dj ya no es ese simple ensamblador de material preexistente sino que ha conseguido merecidamente la categoría de músico que décadas atrás se le negaba.

 

Si bien Bourriaud veía en el artista un dj de las formas que las enlazaba semióticamente a través del montaje, Fito Conesa y Pablo G. Polite se convirtieron literalmente en dj’s para el concierto inaugural de Art/Fònic. Lejos de las premisas de la crítica musical, que se dedica con placer a vilipendiar o magnificar subjetiva y arbitrariamente su objeto de análisis, la idea de interpretar conjuntamente las partes del proyecto se vio dominada por la tendencia de todo concierto a producir sonoridades melódicas, más bien amables en este caso concreto. En el orden de las expectativas que origina toda actuación musical, algunos esperábamos encontrarnos con una reinterpretación en bruto de las 15 piezas, sin añadidos sonoros, en vez de con un concierto conquistado por las inserciones musicales ajenas al trabajo de los artistas. Es desde esa re-lectura con el material en bruto que la propuesta final de Art/Fònic se nos hacía más interesante y pertinente. Sin embargo, intercambiando lo artístico por lo festivo de las inauguraciones, el concierto no está exento de sentido.

 

Dado que los proyectos que componen Art/Fònic pueden escucharse online y que desde aquí recomendamos una primera escucha sin tránsitos conceptuales por el proyecto original del que surgen, este texto ha obviado cualquier referencia a los mismos, prefiriendo introducirlos hipertextualmente a través del siguiente tracklist. Fin de la emisión textual.

 

1#    Serafín Álvarez – Sun Race

2#    Ainara Elgoibar – Ainara after Morphine (You look like rain)

3#    Consol Llupià – Entrevista de ???????? ?????? a Consol Llupià

4#    Ariadna Parreu – Whole Heartedly

5#    Omar Jerez/Isaac Viejo – Odisea de lo imposible

6#    Mariana Zamarbide – Recortar/Plegar (versión con testigos)

7#    Albert Merino – Absències

8#    Daniel Silvo – In conversation with Danilo Türk

9#    Fur Alle Falle – Passión audio cápsula

10#  Tamara Kuselman – Seis creyentes

11#  Nicolás Rojas Hayes – Índice de Scheuermann: Fisiología de la Voluntad

12#  Antoni Hervàs – Los cuentos del Grial II

13#  Urtzi Ibarguen Guridi – Netnoise#3

14#  Sergi Botella – Voight-Kampff

15#  Jordi Ferreiro – El museo cierra sus puertas

 

 

comentar



  1. Amanda
    01 | 12 | 2011 .

    Buena reflexión, efectivamente el proyecto podría haber funcionado exclusivamente con los insertos radiofónicos. Pero los demás formatos, así lo vimos sacontemporani + Pablo y Fito, tienen su funcionalidad. La expo apoyaba el directo inaugural y se dirige a otros públicos (que los hay) menos especializados. La Publi temporaliza el proyecto de otro modo y nos va a resultar útil para la promo (artistas, comisarios y programa). Pero sí, la parte radiofónica, es la médula. Besos!

  2. Sonia
    01 | 12 | 2011 .

    Hola Amanda!
    Realmente obvié públicos menos especializados en mi texto, algo más o menos voluntario que sucede con todos los demás, puesto que es difícil olvidar lo que para uno es ya una forma de vida, o casi. Esnorquel es un proyecto dirigido a un segmento de público concreto y bastante familiarizado con el arte emergente. Y tienes razón que desde esos otros públicos la exposición es más que pertinente, sobre todo teniendo en cuenta el contexto, tanto simbólico como físico, que ocupa Sant Andreu Contemporani. Y también es cierto que el formato cd permite la diáspora y conocimiento del proyecto para todos aquellos que no vivimos enganchados a un teclado. Lo de las estrategias de marketing que el arte, y la cultura por extensión, necesitan para darse a conocer se me pasa con facilidad por alto. Así que muchas gracias por tu comentario. Un abrazo!