La obra ha muerto, larga vida al proceso

Es difícil hablar de un libro si lo único que se conoce es el capítulo introductorio. Así mismo, no basta con escuchar la primera canción de un disco para tener una opinión sobre el mismo, como tampoco se pueden emitir veredictos coherentes sobre una película de la que solo se han visionado los primeros diez minutos. Sin embargo, no es un acontecimiento tan inverosímil escucharse a uno mismo hablando de libros que no se han terminado de leer, discos que han sido oídos pero no escuchados y películas que se han quedado a la mitad porque la somnolencia conquistó una atención deficitaria. Como también es posible entrar en una sala de exposiciones para salir a los cinco minutos porque las expectativas se dieron de bruces con los resultados reales. No es este el caso que nos ocupa.

 

Ouverture. Acte I es la introducción con la que se presenta el proyecto anual de la Sala d’Art Jove 2012 bajo el no menos melómano título de Ouverture. Cinc actes, dos interludis i altres moviments. Desde la excusa de compartir públicamente un índice de trabajos futuros, Ouverture. Acte I va más allá y se convierte en un prefacio inaugural donde los contenidos ceden su  protagonismo a la forma. Breve inciso: por contenidos se entienden aquí los proyectos ganadores de la convocatoria; por forma se entiende una labor tutorial transformada en rutilante labor comisarial. Overture. Acte I, como buena heredera de la apropiación conceptual del ámbito musical, se acompaña por un libretto en el que se nos define esta rara avis como un “preestreno de los proyectos seleccionados en las convocatorias de creación, edición, investigación y educación de 2012”. Entre lo mediático del preestreno, lo consuetudinario de la exposición, lo social de la inauguración y lo lúdico del show, este primer acto no deja lugar a dudas de que el proceso tutorial reclama su huella sobre la alfombra roja.

 

El libretto, tan eficiente en la ópera a la hora de seguir el texto cantado desde auditorio, se convierte aquí en una herramienta indispensable a la hora de interpretar los apartados que están por venir en esa partitura artística al servicio de lo procesual que es Ouverture. Cinc actes, dos interludis i altres moviments. La publicación funciona como statement del proceso comisarial y como sinopsis de los proyectos que se llevarán a cabo a lo largo del año en la Sala d’Art Jove. El primero nos dice que todo el ciclo “es un espacio de análisis y exposición ininterrumpido y en desarrollo continuo de los proyectos seleccionados”. Se nos indica, además, que los proyectos no sólo habitarán el espacio habitual –la sala de exposiciones-, sino que la deslocalización y la ocupación de otros contextos es la metodología a seguir. La salida del espacio tradicionalmente asociado al arte no es algo nuevo sino un procedimiento que, poco a poco, va haciendo de la fuga y de la diseminación espaciales una costumbre y una norma. Desde un ejercicio de arte-ficción quizás, en un futuro lejano, lo extraordinario sea emplazar proyectos artísticos en salas de exposiciones y no fuera de ellas.

 

Ouverture. Cinc actes, dos interludis i altres moviments, además de promover una excursión artística hace hincapié en una característica habitual de la producción artística del contexto barcelonés: lo procesual del acto creativo. Es, desde esta perspectiva, que la exposición inaugural podría verse más como un taller donde presentar parte del material futuro que como una exposición de proyectos. Este gusto por los preliminares artísticos, la visibilización de los procesos de investigación y producción han hecho que, a día de hoy, lo que algunos llamarían anacrónicamente obra de arte sea el proceso mismo y no el desenlace formal de éste. Y que muchos proyectos artísticos de la contemporaneidad se parezcan a las novelas de Charles Dickens por su estructuración en fascículos. La diferencia entre la literatura dickensiana y el arte por entregas estriba en que, mientras en la primera la fragmentación servía como estrategia a la hora de promover el entusiasmo y la intriga por la continuación de la historia (además de hacer más asequible el producto literario gracias al fraccionamiento del precio), en el segundo caso la visibilización constante del proceso puede conllevar una pérdida de interés por parte del espectador. O a una decepción en el orden de las expectativas que se generan hacia el resultado final.

 

Ouverture, en su defensa de la no-clausura, nos lleva a otra cuestión: la diferencia entre proyectos concebidos como procesuales desde el principio por el artista y la conversión en procesual de los proyectos por parte de la organización comisarial. Esto, a su vez, nos lleva a otra cuestión: la supeditación de los proyectos artísticos a los procesos comisariales, a veces en detrimento de los primeros. Cierto es que el comisariado ya no se define desde aquella voluntad historiográfica que hacía de las exposiciones ensayos visuales de un pasado más o menos reciente, estando más cerca de la historia del arte que a la creación contemporánea.  Hoy día, el comisario juega en otra liga y se parece más al artista que al historiador, con todos los dilemas que acarrean sus procesos de redefinición constantes y la búsqueda de soluciones nuevas a la hora de teorizar, estructurar, organizar y dotar de visibilidad a los proyectos artísticos de un contexto de producción declinado en presente.

 

En el caso concreto que nos ocupa, Oveurture. Acte I, la propuesta tutorial/comisarial que hace del proceso el director de orquesta de todo el ciclo, la pregunta que vale la pena hacerse es si este privilegio del proceso beneficia a los demás proyectos, dieciocho en total, que integran la convocatoria o los instrumentaliza en beneficio de una supuesta experimentación comisarial. Y presentándose como se ha presentado, bajo el –clásico- formato de exposición, ¿es el dispositivo espacial por excelencia un buen método para visualizar lo procesual del acto creativo? En términos generales, la pregunta que muchos nos hacemos –a riesgo de parecer retrógrados- es si toda esta tendencia procesual se está olvidando de aquellos resultados finales que “materializaban” el acto artístico y que, sintetizando bastante, eran la causa principal que nos hacía interesarnos por el proceso creativo para tratar de invertir la metología del artista. Desde la obra al proceso y no desde el proceso a la obra. Porque, si bien con la inclusión del proceso en los dispositivos de visibilización el espectador tiene mucha más información sobre el trabajo del artista, también es cierto que se pierde un juego: el del espectador como detective y el de la obra como primera pista para la investigación.

 

Cabría apuntar que Oveurture no empezó con un evento introductorio en la Sala d’Art Jove. Ya desde antes se intuía que el ciclo de este año iba a ser diferente a los de pasadas ediciones, lo cual es un valor a tener en cuenta. Comenzó en Internet gracias a la diseminación de videos con intención viral en redes sociales, en lo que podría calificarse como una campaña de marketing artístico sin fines crematísticos. El uso de videos virales para promocionar un evento artístico podría ser uno de los aspectos por los que esta edición será recordada en el futuro, puesto que al impacto de lo nuevo (en un espacio donde frecuentemente se asume que no hay nada nuevo) se une un interesante ejercicio de apropiación desde el campo artístico de unas estrategias muy asociadas  a la publicidad y al marketing en la red. Y de paso, se da un giro de 180 grados a esa idea tan extendida de que es la publicidad la que siempre captura, absorbe y metaboliza las tácticas que nacen en o para el espacio artístico.

 

La publicación que acompaña Ouverture nos anuncia que este año las exposiciones se sucederán ininterrumpidamente en el espacio de la Sala d’Art Jove, añadiéndose al tejido expositivo acciones deslocalizadas, emplazamientos ajenos al cubo blanco para algunos de los proyectos y la creación de un discurso a través de actividades públicas, entre las que destaca el TDCAM (Taller de Difusió, Comunicació i Mediació). La puesta en marcha de un programa de actividades públicas al lado de formatos expositivos enlazaría con esa vocación de crear contenidos y discursos teóricos ad hoc que la mayor parte de museos y centros de arte han colocado como prioridad en sus agendas con el fin de suplir las necesidades insatisfechas por un sistema académico anacrónico y bajo la idea de que el arte  es capaz de producir formas de conocimiento, desde la subjetividad y la fragilidad, tan válidas como las de los circuitos tradicionales del saber.

 

Todo discurso comisarial tiene sus claves conceptuales. En Oveurture se nos especifican tres, no exentas de ese lenguaje que caracteriza la posmodernidad y que ha invadido gran parte del discurso artístico. Los peligros del (ab)uso de una terminología derivada de la filosofía postestructuralista radican en que el espectador-lector, para entender lo que se cuenta, debe practicar un ejercicio próximo a la hermeneútica y conocer de antemano el significado y los usos –casi modismos- de nuestro “hablar posmoderno”. A ello se une la eventualidad de que la grandilocuencia del lenguaje empleado no se corresponda con el significado real de un texto que, pensando desde la posición del receptor, sería más inteligible y operativo escrito de otro modo. Los proyectos que irán construyendo este ciclo se distribuyen en tres apartados conceptuales: Políticas documentales y estrategias de legitimación, El poder de enunciación, storytelling: explorando narrativas la cotidianidad y Repensar el valor del arte. Una posible cuestión que surge en torno a la organización conceptual bajo unos parámetros que nos hablan de un discurso clausurado es si, teniendo en cuenta lo abierto del proceso de la Sala d’Art Jove, los proyectos se distribuyen tan diáfanamente dentro de dicha articulación. Otra cuestión vendría dada por la contradicción entre el intento de sacar a las prácticas artísticas de su contexto endogámico –con el acercamiento a nuevos públicos gracias a la ocupación de otros espacios y métodos de divulgación diversos- y el uso de un lenguaje complejo y de difícil comprensión para neófitos y recién interesados.

 

El día de su inauguración, Overture. Acte I presentó, además de una previa a los proyectos en formato expositivo, un evento bajo el epígrafe de Live! en el que 13 de los participantes de las diversas modalidades de la convocatoria, tanto dentro como en las inmediaciones de la sala, tuvieron la ocasión de introducir sus proyectos al público asistente. Performances, explicaciones de contenidos y procesos, distribución de materiales por escrito, visionado de vídeos y preludios a piezas futuras dieron el pistoletazo de salida al ciclo 2012 de la Sala d’Art Jove. Es aquí dónde el presente texto entraña una contradicción. Si más arriba lanzaba una crítica contra la excesiva toma de protagonismo por parte de la labor comisarial dentro del contexto artístico, sumando a ello el olvido de la crítica y de la teoría hacia obras y artistas en muchos casos en pro de los procesos y las líneas de trabajo individuales y contextuales, él mismo ha contribuído al privilegio de la producción textual en torno a la figura del comisariado al concederle el papel de actor principal en este primer acercamiento a Oveurture. La omisión de referencias a los artistas y a los proyectos de creación se corresponde con una conducta deliberada puesto que, de momento, el espectador sólo tiene materiales dispersos a modo de apuntes. Será a partir del mes de mayo cuando podamos conocer los resultados formales de los proyectos que componen esta partitura a la que todavía le falta mucho: cuatro actos, dos interludios y otros movimientos. Y será entonces cuando hablemos de procesos, proyectos y piezas, ya que desde el presente sería inadecuado hablar de obras de arte.

 

 

OVEURTURE/PARTICIPANTES

 

Proyectos de creación

Petia Cervera/ Lúa Cordech/ Juan Crespo/ Eloi Dalmau/ Jordi Ferreiro/ Paula Giménez/ Mercedes Mangrané/ Anna Moreno/ Quim Packard/ David Proto/ Bárbara Sánchez/ Adrianna Wallis

 

Proyectos de Investigación

Alba Aguirre, Marta Bonhora, Belen Genereco, Anna Margo, Mar Montobbio/ Colectivo Leland Palmer (Laura Benítez, Alicia Escobio, Lola Lasurt)

 

Proyectos de educación

Aurelio Castro Varela/ Slide (Joanna Empain, Ricard Escudero, Simonetta Gorga & otros)

 

Proyectos de edición

Enric Farrés & Quim Packard/ Ignasi Prat

 

Equipo tutorial
José Antonio Delgado, Fito Conesa & Judit Vidiella/ Cultural Nodes (Quico Peinado + Rachel Fendler)/ Andrea Rodríguez & Veronica Valentini

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