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#34
Alexandra Laudo

PODCAST

 

La constancia y coherencia en cuanto a temas o conceptos es algo que la práctica comisarial, en apariencia, no demanda tanto como la práctica desarrollada por los artistas. De hecho, podríamos pensar la práctica comisarial en términos de actitud y no tanto de contenidos. Como una manera de acercarse a las obras, a los artistas, pero también a los formatos o instituciones. Es más, la identidad comisarial podría venir determinada por el cómo se hacen las cosas y no tanto por el que cuentan esas cosas, que al fin y al cabo, pertenecen a terceros, los artistas. No obstante, es frecuente asimilar a un comisario con un tema en concreto, fruto de alguno de sus proyectos más conocidos o también de la demanda continua de una “línea comisarial” en su trabajo.  Muchos relacionamos el trabajo de Alexandra Laudo con la narratividad en arte, probablemente a través de su proyecto expositivo para La Capella La condición narrativa, donde esta se entendía mediante la combinación de texto -oral y escrito- e imagen. Más recientemente algunos pudimos asistir a una versión de The Intelectual History of the Clock, donde Alexandra se sentaba frente a un auditorio para trazar, ocupando un rol híbrido entre conferenciante y presentadora, una historia del tiempo a través del desarrollo y cambio de los objetos para su medición entre numerosas anécdotas. Pero The Intelectual History of the Clock tampoco era una conferencia: era un proyecto comisarial, con obras y artistas ocultos dentro de un relato escrito por la propia Alexandra que quería subrayar, entre otras muchas cosas, la importancia de la oralidad dentro de un ámbito intelectual en el que el comisario parece obligado a mostrarse siempre a través del texto escrito y de referentes teóricos. A través de una hoja de sala en la que aparezca desde los códigos habituales, como narrador omnisciente y ventrilocuo de obras y artistas. El problema de la ventriloquia es que, al hablar por otros, uno corre el peligro de silenciarlos. También que aquel quien habla no lo hace desde una posición propia, sino desde códigos asumidos y, por tanto, invisibles por naturalizados.

 

Recuerdo que me impactó mucho la presentación en Barcelona de The Intelectual History of the Clock, un proyecto que ella estaba preparando entonces para CuratorLab en Suecia. No sólo por el tipo de narrativa que proponía o el extravío consciente del formato expositivo sin caer en los tics habituales, sino porque mientras la escuchaba me daba cuenta de que Alexandra estaba haciendo algo a lo que yo estaba dándole vueltas desde hace tiempo tras asistir a varias performances de artistas que se apoyaban en el formato de conferencia, pero sin los vicios teóricos que suelen acompañarlas. Hasta ese momento dudaba en si, como comisaria, era posible un ejercicio parecido: un ejercicio de apropiación de algo que los artistas llevan mucho tiempo practicando que no fuese visto como instrusismo dentro de un contexto en el que las rupturas o los giros comisariales generan la suspicacia que no generan las alteraciones de la norma provocadas por los artistas. Recuerdo también una sensación de entusiasmo mientras escuchaba a Alexandra, derivada de esas alianzas inconscientes que nos ayudan a reafirmarnos en nuestros propios deseos.

 

La práctica del cuidado es algo con lo que personalmente asocio el trabajo de Alexandra Laudo. Pero es un cuidado que no proviene de teorías o temas comisariales sino del hecho de haber colaborado con ella en alguna ocasión y de los mails que nos hemos escrito a lo largo del tiempo, usando el trabajo como excusa para introducir nuestra vida personal en ellos. Es un cuidado que aparece con el trato personal y no desde la enunciación pública de los cuidados o de los afectos. Al pensar en las preguntas que servirían de guión para nuestra conversación en esnorquel, una de ellas estaba relacionada con el cuidado dentro del ámbito familiar. Más concretamente, con el hecho de que Alexandra es madre de dos niños y trabajadora freelance. Esta pregunta sobre la compatibilidad familiar y laboral en su experiencia personal, sin embargo, me hizo darme cuenta de que es una pregunta que frecuentemente se hace a mujeres y no a hombres que son padres. Y de que, por este motivo, es una pregunta que prolonga de manera benevolente el machismo que pretende combatir. Como también lo hacen esos comentarios que aplauden los cuidados del hombre con mayor entusiasmo que aquellos practicados por muchas mujeres, fuera pero también dentro del ámbito comisarial. Un ámbito (el artístico) en el que, como dice Alexandra Laudo, no siempre hacemos un uso efectivo de ciertos privilegios que sí tenemos y que no pueden ponerse en práctica en otros contextos de trabajo.

 

 

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