Aimar Arriola

#36
Aimar Arriola

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Fue gracias a Komisario Berriak que tuve la ocasión de conocer a Aimar Arriola personalmente, un grupo de trabajo colectivo en el que participamos 13 comisarios durante varios meses. Komisario Berriak empezó con la intención de distanciar al comisario del rol intermediaro con el que frecuentemente se lo asocia, el de traductor, dando lugar a numerosas e intensas conversaciones. Entre nosotros, pero también con otros agentes del contexto vasco que formaron parte de nuestro proceso gracias a diferentes encuentros a lo largo del tiempo. Un proceso en el que la noción de jardín fue tomando fuerza paulatinamente, hasta convertirse en el eje principal del proyecto expositivo con el que clausuramos Komisario Berriak. Si mal no recuerdo, el jardín apareció en aquellas conversaciones desde el trabajo de Aimar en torno a la superficie dentro de su tesis doctoral y desde una mayor atención a las formas de vida vegetales en nuestra rutina urbana. Decidimos entre todos apropiarnos de una noción que nos permitía hablar (des)de una multiplicidad y una diferencia que también nos caracterizaba a nosotros.

 

Tamara Díaz Bringas, que también formaba parte de KB, estaba comisariando la Bienal Centroamericana por aquel entonces, invitando a Aimar a participar en ella desde la posibilidad de un “hacer con la superficie”. Una frase con la que Aimar señala cómo tendemos a pensar la investigación desde términos opuestos: profundizar, explorar, excavar, ahondar… La esencia de las cosas, consecuencia de una interpretación ontológica de la realidad, parece estar oculta en un supuesto fondo que se nos resiste con fuerza. La superficie funciona casi como una membrana molesta que traspasar para alcanzar esa verdad en permanente controversia. Algo que no vemos pero que contiene mucha información. Quizás a esto se refería Paul Valèry cuando afirmaba que no hay nada más profundo que la epidermis. Una epidermis que, siguiendo también el trabajo de Aimar, relaciona la superficie con el animal. El animal como pura superficie y como antagonista de la profundidad asociada al ser humano.

 

La superficie y la animalidad fueron cuestiones que aparecieron en la conversación con Aimar para esnorquel. Una conversación en la que el propio Aimar comenzó señalando cierta traición del documento en relación a las entrevistas, donde lo que permanece escrito o grabado no siempre se corresponde con aquello que efectivamente piensa la persona que habla. O con lo que podría pensar inmediatamente después, cuando la posibilidad de retractarse ha desaparecido. Como suele ser habitual cuando dos comisarios se encuentran, la práctica comisarial fue algo que también estuvo presente en nuestro encuentro. Pero esta vez desde la sensación de que nuestras continuas reflexiones sobre el comisariado son un vicio adquirido que quizás tendríamos que abandonar más a menudo. La experiencia personal de Aimar fue una constante a lo largo de toda la conversación, apuntando hacia esa inseparable relación que hay entre vida y trabajo que no siempre evidenciamos cuando hablamos en público. Una relación que, además, se da en compañía de otros: la de aquellas personas cercanas que, aún sin pretenderlo o hacerlo de manera pública, influyen en nuestra manera de sentir, pensar, actúar y trabajar. Es más, escuchando a Aimar, reapareció aquella idea que estuvo muy presente durante Komisario Berriak: empezar como una situación intermedia. Un estar en el medio de otras muchas cosas.

 

 

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