#39
Rubén Grilo
18.10.2017 descargar

Esta conversación con Rubén Grilo empezó por escrito hace más de un año para terminar teniendo lugar en Berlín meses más tarde. En aquel primer documento compartido le lanzaba una serie de preguntas sobre su relación con la tecnología y el arte conceptual, dos etiquetas asociadas constantemente a su práctica artística en esa (auto)producción del yo que posibilita -y nos impone- Internet. Un yo que ha pasado a formar parte de la producción industrial gracias a la ocupación permanente de la tecnología en nuestros hábitos más rutinarios. Quizás ahora somos más conscientes de que, dentro de la pantalla, somos parte de esa nueva relación entre oferta y demanda en la que la primera supera a la segunda. Sin embargo, como comenta Rubén, años atrás, cuando Internet formaba parte de la utopía social, uno de sus muchos beneficios era el anonimato. Algo así como una construcción del yo sin nosotros.

Frente a la idea expandida de que el arte no participa de la producción industrial, prolongando una ficción en la que se unen la artesanía y cierta cualidad outsider del artista, el trabajo de Rubén Grilo señala todo lo contrario. No sólo el artista, los materiales también nos dicen que no hay un afuera del sistema industrial. Es más, se percibe un intento de colocar al artista dentro del paradigma del trabajador invisible detrás del producto. Con la contradicción de que, en arte, esto puede llegar a convertirse en marca del artista, casi como una actualización del estilo en una época en la que lo personal del estilo ha dejado paso a lo general de la tendencia. ¿Es posible desaparecer detrás del producto cuando nuestra subjetividad forma parte de la mercancía? ¿Es posible pensar nuestra relación con la tecnología sin hundirnos en la distopía?

Si bien ahora es un momento en el que muchos nos estamos dando cuenta de las relaciones políticas, sociales, económicas y subjetivas que condensan los objetos y los materiales, hay artistas como Rubén, que han sido conscientes de ello con anterioridad a la reciente popularidad de los nuevos materialismos dentro del contexto artístico. Por ejemplo, en su manipulación del denim de Zara y otras empresas similares, un tejido que se refiere la historia del desarrollo industrial sin tener que someterse al logos, como nosotros. El fetiche conceptual del documento burocrático y la presunta desmaterialización del arte parece haber dado paso a una nueva erótica estética de la materia, solapando dos maneras de hacer aparentemente distantes entre sí. Lo digital, la industria, la contradictoria profesionalización del artista o la inherente materialidad del mundo son algunas de la cuestiones que aparecieron en una conversación que empezó con Rubén leyéndome su respuesta para aquellas primeras preguntas escritas y en la que se nos olvidó hablar de la producción industrial del chocolate y sus moldes.