Epistolario Ayuda Humanitaria o la crítica de la razón matrimonial.

Con o sin amor, el matrimonio es un contrato. Las canónicas escrituras del significado,  también conocidas como diccionario de la RAE, nos dicen que un contrato es  un “pacto o convenio, oral o escrito, entre partes que se obligan sobre materia o cosa determinada, y a cuyo cumplimiento pueden ser compelidas”. Dada la más que eventual posibilidad de que a las palabras de los acuerdos orales se las lleve el viento o una amnesia voluntaria, los contratos vienen acompañados de un documento escrito que recoge las condiciones específicas de los mismos. Es decir, que todo contrato, revela una cierta desconfianza mutua entre las partes. Los matrimoniales incluídos.

 

Los contratos incorporan también un supuesto beneficio mutuo entre las partes que los protagonizan. A este punto y, en relación al matrimonio, no estaría de más recordar que este convenio entre dos personas tan asociado a predicados románticos tiene un génesis y una larga historia mucho más vinculados a la estrategia social e interpersonal que a ese sentimiento tan veleidoso e inconstante que es el amor. Podría afirmarse que el matrimonio, a pesar de sus variantes, siempre es por conveniencia. Porque socialmente puede llegar a ser muy útil.

 

El arte contemporáneo también tiene sus matrimonios, conceptuales y literales. Más allá de que los artistas se casen o no, el matrimonio ha sido motivo de algún que otro proyecto artístico. Sophie Calle, quien ha conseguido hacer de su vida personal una historia del arte personalizada en sus célebres Historias Autobiográficas, presentaba con una fotografía El falso matrimonio. Aunque basado en una historia de amor real (la suya), esta imagen no deja de ser la representación de un mito biográfico de un imaginario primordialmente femenino: los perfectos esponsales. Sin embargo, trabajos como Epistolario Ayuda Humanitaria, de Núria Güell están bastante lejos de las fábulas maritales que todavía invaden parte del individual imaginario colectivo, para remitirnos a una de las grandes utilidades contemporáneas de la institución matrimonial: la adquisición de una nacionalidad.

 

Los matrimonios por convenciencia, entendiendo el término al uso, son un clásico dentro de un mundo que se pretende global al mismo tiempo que mantiene, construye y endurece fronteras. Casarse para que uno de los cónyuges obtenga la nacionalidad del otro es una práctica que demuestra que no todos los pasaportes son iguales. En el caso concreto de Cuba, es importante apuntar que los cubanos, si quieren cambiar su lugar de residencia dentro de la isla necesitan de un permiso que haga de salvoconducto y que, sin embargo, con ciertos pasaportes extranjeros  tendrían una libertad de movimiento que, como cubanos, no tienen. Alguna de las cuestiones  aquí sería por qué convertir algo que muchas personas hacen (interesada o desinteresadamente) en un proyecto artístico y cuáles son los inconvenientes y las ventajas de obsequiar con la visibilidad congénita del arte a un ejercicio que gravita en el orden del delito.

 

 

Epistolario Ayuda Humanitaria parte de un proyecto que arranca en Cuba en el 2008, con la convocatoria que la artista Núria Güell pone en marcha al repartir diversos folletos en los que destacaba el siguiente enunciado: “Chica española se ofrece como esposa al cubano que le escriba la carta de amor más bonita del mundo”. Cada uno de los impresos contenía, además, las bases de una  convocatoria que dejaría sin palabras a más de uno aunque de logorrea pasional se tratase la cosa. El resultado de esa correspondencia en busca de la recompensa son 33 cartas que se recogen en una publicación –producida por la Sala d’Art Jove dentro de la modalidad de proyectos de edición de su convocatoria anual- a modo de compendio de unos hábitos románticos caídos en desuso, tanto por lo epistolar como por lo poético de las derivas sentimentales románticas. Epistolario Ayuda Humanitaria nos trae a la memoria también aquella acusación que Pessoa lanzaba sobre los poetas al calificarlos de “fingidores”. Porque casi todas las cartas demuestran que es posible escribir enamorado sin estarlo.  Ya que para casarse por conveniencia no hace falta amor sino la ficción del amor  y sus conductas maritales de cara al marco jurídico legal ¿por qué inyectar los prolegómenos románticos de un posible matrimonio en un contrato que, a priori, no los necesitaría? Porque en Cuba la promesa de amor es un recurso habitual para conseguir salir de la isla.

 

Ayuda Humanitaria, ya desde su título infunde ciertas dudas al espectador. Quizás sería más pertinente decir lector porque, de momento, del proyecto sólo conocemos un libro con lo que parece  sólo una parte del material. De buenas a primeras, el epígrafe nos remite a esa forma de solidariad o cooperación (posiblemente cuestionadas por muchos) que se destina a las poblaciones pobres o que han sufrido impactos específicos como una catástrofe natural o una guerra. Cuando pensamos en ayuda humanitaria tendemos a pensar en una respuesta externa sobre contextos en los que no se cumplen unas condiciones determinadas para la satisfacción de las necesidades básicas de su población. ¿Es esto aplicable a las particularidades de un contexto como el cubano, del que unos se dedican a loar las ventajas de su específica interpretación del socialismo y otros se esfuerzan en vituperar al compararlo con la supuestas libertad y bonanza de las democracias occidentales? ¿Puede considerarse ayuda humanitaria un acto que sólo incide sobre un individuo? Es entonces cuando el título podría mirarse desde otra perspectiva: la del sarcasmo o la ironía contra aquellos que van por ciertos países poniéndose el traje de socorristas humanitarios. Emplazándonos aquí, se establecería cierta relación de parentesco artístico con el amoralismo al nos tiene habituados Santiago Sierra quien, haciendo uso de esas paradojas que tanto suceden dentro del arte contemporáneo y que permiten interpretar lo opuesto a lo que se está diciendo, establece su crítica haciéndose pasar por la parte a quien dirige esa misma crítica. En Ayuda Humanitaria, ¿cuál es el posicionamiento a tener en cuenta dada la poca información que ofrece al respecto la comunicación del proyecto en forma de literatura epistolar con múltiple autoría?

 

 

A la hora de establecer una relación con un proyecto artístico hay varias opciones. Su consideración como un ente cerrado que debe sostenerse por sí mismo no exime la oportunidad de verlo dentro de un contexto de producción más específico: el de su autor. Si pensamos en otros trabajos de Núria Güell, tanto en los realizados dentro del contexto cubano (Eligiendo el silencio muere una posibilidad, Acceso a lo denegado o Aportación de agentes del orden) como en el contexto español (Fuera de Juego, Tranquimazín, Aplicacion legal desplazada #1: reserva fraccionaria, Aplicación Legal Desplazada #2: Crecimiento Exponencial o  Aplicación Legal Desplazada #3: F.I.E.S.) el lugar de enunciación de los mismos no es la ironía que antes comentábamos como una de las posibles perspectivas para Ayuda Humanitaria, sino la denuncia contra los mecanismos de poder sociales y su repercusión en la sociedad civil. Desde una comparación referencial este proyecto se distanciaría del resto de producción de Núria Güell por la ambigüedad de la perspectiva a raíz de una falta de posicionamiento que sí se da en el resto de proyectos de la artista. La publicación, más que merecer, exigiría una contextualización del proyecto al lado del contenido epistolar. Porque, amén de incursiones facultativas en la trayectoria de un artista, cada trabajo tiene la responsabilidad de hablar desde su propia independencia.

 

A esta crítica pueden alegarse varias cosas. Que Ayuda Humanitaria es un proyecto no concluido y todavía en proceso hasta que el ganador de aquel concurso del 2008 y, por consiguiente marido de la artista, adquiera la nacionalidad española (el plazo aproximado es de unos cinco años desde la fecha del contrato matrimonial). Los perjuicios de la visibilidad total para el implicado son, pues, evidentes. Pero es entonces cuándo otra pregunta aparece desde la inquisidora duda: ¿para qué presentar la publicación ahora, cuando el protagonista de esta historia de amor interesado tiene el permiso de residencia, y no más tarde, cuando haya obtenido la nacionalidad española?

 

La relación entre lo político y lo artístico es un terreno fangoso en constante relectura. Podría decirse que cuando el arte acude a lo político es porque, desde este contexto se puede aportar algo que desde otros contextos no sería posible –o sería más inviable- proporcionar. Proyectos de la propia Núria Güell, como Aplicación Legal Desplazada #3: F.I.E.S. son un ejemplo perfecto de la habilidad para la acción de lo artístico a la hora de proporcionar visibilidad – y tramitar una denuncia pública- a situaciones que el poder se encarga de mantener ocultas. Sin embargo, en el caso de Ayuda Humanitaria, ¿cuáles son los beneficios de convertir un matrimonio estratégico en un proceso artístico y, por consiguiente, dotado de visibilidad en el terreno de lo público? Es más, ¿y si en vez de ubicar la propuesta matrimonial de Ayuda Humanitaria en el ecosistema del arte, la encajásemos en el moralmente confuso contexto de los mass media y, más específicamente, en el mundo de la televisión? Imaginemos incluso que existiese un concurso  televisivo específico (podemos hasta proponer un nombre: “Españoles por venir”) que, como premio , concediese la nacionalidad española a algún extranjero interesarlo en obtenerla tras la realización victoriosa de alguna prueba. Evidentemente, tal delirio instrumental sería imposible por las condiciones mediáticas de la televisión y por lo flagrante del delito. Pero el ejercicio alucinatorio y trivializante nos sirve para demostrar cómo el contexto es un valor condicionante a tener en cuenta a la hora de emitir juicios y valoraciones sobre ciertas actuaciones. Los beneplácitos del arte son un asunto complejo.

 

Otra de las cuestiones que surgen a raíz de Ayuda Humanitaria viene de uno de los enunciados de sus bases cuando se requiere que durante el tiempo que dure el matrimonio “la destinataria se compromete a colaborar en las gestiones legales necesarias para la obtención de la nacionalidad. A cambio, el seleccionado deberá estar a su disposición para diferentes peticiones”. La inexactitud en torno a esas peticiones para el que no conoce el proyecto más a fondo y la especificidad de las mismas (es decir, la persona que adquiere el libro resultante del proyecto y se lo lee) resulta un tanto inquietante. ¿Cuál es el grado de disposición que una persona debe ofrecer a otra dentro de un contracto artístico basado en otro contrato legal y, por consiguiente, jurídicamente vinculante? Suponiendo la ilegalidad del proceso matrimonial “por papeles”, ¿un subcontrato específico dentro del mismo tiene algún tipo de validez al colisionar con la legislación vigente?

 

Otra consideración vendría en torno a la actual crisis que habita el territorio español y de si éste, con todas las problemáticas derivadas de dicha crisis, es un buen destino para la llegada de un inmigrante, cubano en este caso. Cabe decir que, ya en sus bases, Ayuda Humanitaria anunciaba que los gastos de la boda y del vuelo de ida a Barcelona serían asumidos por la artista. Y, aunque no lo ponga en las bases, el primer mes de manutención también sería costeado por ella. Habría que tener en cuenta también que Ayuda Humanitaria se impulsó en 2008. Entonces se hablaba más de recesión que de crisis y, desde luego, los adjetivos con los que se definía el panorama socioeconómico no querían ser lo  negativos que son ahora. Sin embargo, visto desde 2012 y pensando en el Plan de Retorno Voluntario (que se puso en marcha en 2008) promovido por el gobierno, las dudas en torno a lo favorable de la propuesta para el ganador del concurso, vuelven acompañadas de suspicacia. Es más, ahora son los españoles los que emigran o quieren emigrar a países latinoamericanos, evidenciando la inversión migratoria. A este respecto, un alegato a favor vendría dado por el hecho de que a la persona implicada fue advertida de las condiciones desfavorables del país de destino porque, quien avisa, no es traidor. Un alegato en contra vendría de la mano de que, en Cuba, el acceso a la información tal y como nosotros lo entendemos no sucede y de que el interesado podría no haber tenido las herramientas de análisis a la hora de tomar una decisión afirmativa o negativa al respecto. De hecho, el tema de la censura a través del acceso vetado a medios como Internet fue tratado –y contrarrestado- por la propia Núria Güell en un proyecto del mismo año: Acceso a lo denegado. Teniendo en cuenta este condicionante, ¿es responsable promover una propuesta de mudanza nacional como esta?

 

Epistolario Ayuda Humanitaria se presenta como parte de un proyecto artístico que se intuye más grande. Desde una de las partes del contrato –y pensando en el público habitual del contexto artístico- puede prevalecer esta visión. Pero es importante subrayar que, para la otra parte protagonista, seguramente se trata más de un proyecto de vida que de un acontecimiento más del mundo del arte contemporáneo. Y si bien todos los que estamos involucrados en el contexto artístico hemos crecido en él escuchando las clásicas e innumerables proclamas que exigen unir arte y vida (debate ya estéril y anacrónico pero que el arte contemporáneo no puede permitirse el lujo de abandonar a riesgo de padecer inanición), cuando se presenta públicamente la instrumentalización de una situación personal ajena (no obstante conscientes de las implicaciones biográficas y legales para el propio artista) sin especificar el fin que justifique los medios, es lícito que las dudas asomen y las preguntas asalten. Sobre todo en proyectos que exigen tanta prudencia como este aunque muchos estemos de acuerdo en la razón instrumental del matrimonio.

 

 

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